El 2026 arrancó con una energía distinta: no abrupta, pero sí firme.
El consumidor mexicano entró al año con un ojo más atento al precio, un presupuesto más controlado y una disposición clara a reorganizar lo que compra. No es un ajuste dramático; es un reacomodo silencioso, cotidiano, que empieza a verse en la forma en que las categorías se mueven, en los canales que se fortalecen y en los que enfrentan sus primeros frenos del año.
Desde NIQ analizamos las primeras dos semanas de 2026 y encontramos una historia que se está escribiendo en tiempo real: la del shopper que sigue comprando, pero haciéndolo de manera más selectiva. La del hogar que continúa consumiendo, pero reequilibrando prioridades. La de un país donde el IEPS no solo movió precios, sino también hábitos.
“El crecimiento de inicio de 2026 está siendo sostenido principalmente por aumentos de precio en Bebidas No Alcohólicas y Cigarros; sin embargo, la presión creciente sobre el volumen especialmente fuera de agua y té ready to drink (RTD), sugiere un entorno de consumo frágil y sensible al precio“ Raquel Jiménez, Directora de Costumer Success para NielsenIQ México.
Un consumidor que observa más y actúa distinto
El canasto de Bebidas No Alcohólicas (BNA) abre el año con un comportamiento complejo: crece en valor, pero el volumen se mueve de manera heterogénea. Ya no es suficiente observar la categoría en general; lo que importa es entender qué bebidas logran mantener ritmo y cuáles empiezan a ceder espacio.
La explicación detrás de este patrón no es un misterio. Como señala Raquel Jiménez, Directora de Customer Success en NIQ México, el crecimiento reciente “está siendo sostenido principalmente por aumentos de precio”, mientras que, fuera de agua y té listo para beber, varias categorías “empezaron a mostrar disminuciones en volumen”. Es una señal clara de cómo el shopper está reajustando su cesta sin salirse del presupuesto.
Este comportamiento no muestra una caída abrupta, sino un consumidor que decide con más intención: seguir comprando lo esencial, ajustar donde puede, priorizar lo que considera importante o funcional.

Autoservicios: categorías que avanzan… y otras que tropiezan
Cuando miramos el canal de Autoservicios, el panorama se vuelve aún más interesante. Tres categorías se mantienen firmes al frente: refrescos, agua y té RTD. Son productos que siguen conectando con el consumidor incluso frente a incrementos de precio, mostrando que su relevancia cultural, emocional o funcional es lo suficientemente fuerte como para absorber el alza.
Pero esa fortaleza convive con una señal que vale la pena observar: la semana 2 registró una rotación promedio menor que la semana 1. No es una alarma, pero sí un indicador de que la demanda podría estar entrando en un ritmo más pausado conforme avanza el mes.
Y mientras estas categorías resisten, otras dentro de BNA resienten el ajuste: jugos, isotónicos, energizantes y bebidas en polvo muestran las mayores contracciones. El consumidor, al parecer, está priorizando dentro del mismo universo de bebidas.
Fuera de BNA, dos productos cotidianos también están en terreno presionado: leche blanca, con un incremento de precio de 9.4%, y café, con un aumento todavía más pronunciado de 21.6%. En ambos casos, el volumen se reduce.
Aquí no hay ambigüedad: cuando el precio sube más que el umbral del consumidor, el ajuste llega rápido.
Tradicional: el canal que sostiene al consumo del día a día
Mientras Autoservicio muestra una mezcla de fortaleza y moderación, el canal Tradicional revela un comportamiento distinto. Aquí, el canasto de Bebidas No Alcohólicas crece en valor y en volumen, incluso con un aumento de precio. En un entorno donde cada gasto se piensa un poco más, este canal se reafirma como un espacio de conveniencia, cercanía y acceso.
Pero el contraste es evidente: fuera de bebidas, alimentos, lácteos y golosinas registran caídas en volumen. Es decir, el ajuste del consumidor no se dirige solo a categorías específicas: también toca productos habitualmente asociados al consumo diario. Las bebidas, en cambio, parecen mantener su lugar en la lista de compras esenciales del hogar mexicano.
Dentro de BNA, agua y té RTD vuelven a destacar como categorías resilientes, sostenidas tanto por necesidad como por hábito. Cigarros, por su parte, incrementan su valor impulsado por el precio, aun con reducciones en volumen.

¿Qué nos revela este arranque del año?
Lo que vemos no es un consumidor que se retrae, sino uno que reorganiza.
Que no deja de comprar, pero elige mejor.
Que sigue consumiendo, pero decide con un criterio más fino qué vale la pena mantener y qué puede recortar.
Este comportamiento plantea tres realidades claras:
1. Las categorías deben demostrar su valor.
Cuando el precio sube, el consumidor pide más claridad en el beneficio, ya sea emocional, funcional o práctico.
2. El canal importa más que nunca.
Autoservicios muestra señales de moderación en rotación; Tradicional sostiene el volumen en bebidas. El portafolio no puede ser igual para ambos.
3. No todas las bebidas se comportan igual.
Agua y té RTD destacan como las categorías mejor posicionadas en este contexto. Su resiliencia no es casualidad: cumplen con la expectativa de funcionalidad y accesibilidad que el shopper necesita hoy.
Mirando hacia adelante
El impacto del IEPS seguirá marcando conversaciones y decisiones en los próximos meses. Pero, más allá del impuesto, lo que realmente importa es cómo el consumidor mexicano está ajustando sus hábitos en tiempo real.
El inicio de 2026 ofrece señales claras:
el shopper está dispuesto a pagar más solo si el producto lo vale;
está cuidando más su gasto, pero no sacrificando del todo lo que considera esencial;
y está trazando nuevas prioridades que definirán el comportamiento de categorías y canales durante el resto del año.